viernes, 1 de febrero de 2013

La paz está muy lejos

Hace varios meses el país se entusiasmó por un mensaje del Gobierno: la entrada a un proceso de negociación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - FARC (Y eso, porque a un ex-presidente reciente le dio por "sapear" las conversaciones secretas iniciales). Luego, en Octubre, el diálogo empezó con retrasos por la llegada de los guerrilleros a territorio extranjero. Hoy siguen las conversaciones, en La Habana, lejos del conflicto.
¿Y qué ha pasado? Desde el principio se dijo que los diálogos se iban a demorar. Y muchos no tienen paciencia para esperar tanto. De hecho el Presidente Santos ya la perdió (¿Luego no le pidió afán a De La Calle cuando salió para Cuba esta semana?). Otros temen por el éxito de los diálogos y acuden a mostrarle a la gente lo crudo de nuestra violencia, por ejemplo,  con fotos que muestran una enorme falta de respeto por la dignidad de las víctimas y de nuestra sensibilidad. Las FARC siguen cometiendo actos de barbarie contra la población con el ánimo de presionar su petición, que en mi opinión pasa la raya de lo absurdo: el cese bilateral de las hostilidades. Y por otro lado unos y otros se escudan en definiciones internacionales para justificar la toma de "secuestrados", "prisioneros de guerra", o como se llame. Todo esto para decir lo siguiente: muchos se quedan en que única salida a la paz es deshacerse de la guerrilla, a las buenas o a las malas, y no es así.
Toda la historia de Colombia ha sido de guerras. Y todas han tenido el mismo fondo: "el modelo político y económico apropiado para nuestro país". Pero desde que le metieron coca al asunto, todo se recrudeció y cambió el argumento. ¿Por qué no podemos decir que tendremos paz luego de acabar los diálogos con la guerrilla? ¡Por ese pequeño detalle! El narcotráfico alteró todo, incluso a la misma guerrilla, necesitada de plata para comprar armas y alimentos. Y otros se metieron en el mismo cuento: los paramilitares, motivados  también por una pelea "ideológica" contra la guerrilla y, (la misma vaina pero mutada y llamada con otro nombre) las tales Bandas Criminales.
No habrá paz mientras ese otro problema de fondo se solucione. ¿Abrir las vías de participación a la oposición armada? Por lo dicho antes no es suficiente: es posible que cuando entren las FARC a la vida política de este país, actores oscuros quieran interponerse en su camino. La historia de la UP es un claro ejemplo. Sí, eran otros tiempos: la época de Escobar, los Castaño y otros seres. Pero vaya uno a saber qué pueda ocurrir hoy. Y con el incentivo de las extorsiones y el narcotráfico, esta gente tiene cancha para rato. ¿Legalizar la droga para quitarles el negocio? ¿Atacarlos? Ese es otro tema...
No hay que llenarse de tanta ilusión: Colombia necesita cambios más drásticos si se quiere arreglar nuestro conflicto. Pero tampoco perdamos la esperanza. Estamos lejos de la meta, pero dejando de considerar al que piensa distinto como enemigo público es un buen paso para empezar.