Un líder latinoamericano se marchó ayer de nuestro mundo. Y dejó huella.
Para quienes nacimos del 90 para acá, pensar en Venezuela era pensar en Chávez. Más de la mitad de nuestras vidas estuvo gobernando aquella nación hermana. Cuando fue elegido por primera vez, yo tenía 8 años. Se puede decir que yo tenía algo de conciencia política (algo ingenua, por cierto) pero veía con simpatía que un tipo bonachón, con discurso amigable y fácil de entender estuviera de presidente. Pero eso se disipó pronto. Los medios colombianos nos bombardeaban de noticias en que se denunciaba a Chávez por antidemocrático y con pretensiones dictatoriales. Con ese ambiente, sin tener acceso a más, sin cable y sin internet, lo más probable desde aquí era apoyar el golpe fallido del 2003.
Ya con más años me fue posible leer la realidad venezolana más a fondo: las clases bajas estaban siendo reivindicadas, se les daba la posibilidad de salir adelante. Y hay un detalle importante en este caso: Chávez se preocupó porque todos tuvieran acceso a la Constitución. ¡Que todos la leyeran! Y así armar ese "Poder Popular" que añadió a las tres ramas del poder público conocidas (Ejecutiva, legislativa y Judicial). Darle empoderamiento a la gente era devolverles el respeto que les había robado la clase política tradicional. En Colombia, por lo menos, no he conocido esa preocupación de los gobiernos por que la gente conozca la ley. Y eso sólo en ese ámbito. Ni hablemos de las famosas "misiones" de las cuales no tengo tanto conocimiento pero según lo que dicen los que saben, han impactado positivamente en la calidad de vida de la gente de bajos recursos.
Todo muy bueno hasta aquí: ese proyecto, al tiempo que le daba una voz al oprimido, se la quitaba al resto. No digo con esto que la oligarquía se merezca siempre un espacio en los gobiernos. Sólo es el hecho de que en una democracia que se respete es importante la opinión de la minoría. Y con el gobierno chavista la posibilidad de disentir era mínima. Más cuando ves que cierran un canal de televisión que por mucha m&$%/% que hable en contra tuya, debes garantizar que tenga el derecho a hacerlo. (Aunque cueste decirlo). A nivel político, se abrió un "Poder Electoral", al tiempo que el popular. Y cuando el control de las elecciones está en manos de una organización ligada al gobierno, la situación deja mucho qué pensar. No dudo de los resultados de las elecciones en los últimos años pero, por ejemplo, un sistema electoral donde en elecciones parlamentarias se da más peso a las regiones donde hay mayoría oficialista resulta injusto con la diversidad de opiniones.
Hay algo más grave en un sistema democrático: el culto a la personalidad. Cuando regalas algo en vez de ofrecérselo a la persona a cambio de que ponga algo de su parte (por ejemplo, educándose) empiezas a tener un sentimiento de gratitud con el líder. Así se forman las relaciones clientelares: él te hace favores, tu le respondes con votos. Eso es normal por estos lados. Pero si a eso le sumamos carisma, perfectamente tenemos una bomba: cuentas con mucha gente no sólo para que voten por ti, son tu herramienta de legitimación, te sirven para imponer lo que quieras, con tal de que sigas una línea de principios (que se le vende a la gente, llámese "Seguridad Democrática", "Socialismo del Siglo XXI" o como sea).
En el caso de Chávez, la semilla se regó no sólo en Venezuela. Muchos en Latinoamérica siguieron su ejemplo, empezando por la base popular hasta políticos que llegaron a ser presidentes después que él. Pero el apoyo hacia él parte de algo distinto: el inconformismo con el vecino del norte, aquel que sólo ha visto a la región para firmar TLC's, construir canales e instalar bases militares. En este caso el seguir a un líder no nace de un favor, nace de una carencia. El mismo escenario que el de la clase baja venezolana: Chávez le ofreció al latinoamericano la inspiración para hablar, de expresar su opinión. La situación fue buena en Ecuador, Brasil, Argentina, pero en Colombia no. Meterse de lleno en un conflicto de muchos años y aliarse con el bando odiado por casi todos aquí fue una pésima decisión. Y aún pesa ello.
Se puede ver por muchos lados lo que deja Chávez después de 14 años de gobierno. Pero ya habiendo hablado de su legado, su muerte era esperada después de tanto secretismo del gobierno. Pensé que después de la recaída en diciembre, no pasaba del 2012. Aguantó, y con coraje hasta donde pudo. ¿Se acaba su movimiento? No creo, ya Maduro quedó con la herencia y a mi juicio pareciera ser del mismo talante de su "maestro". Eso sí, su huella y su sombra durarán aquí mucho, mucho tiempo.